martes, julio 18, 2006

La Devaluación de la Palabra



La mayoría de nosotros ha escuchado acerca de la ley de la oferta y la demanda. La intersección de estas dos leyes (o curvas), determina el precio o valor del bien en cuestión. Para ponerlo de relieve, veamos un ejemplo de contrastes: el aire y el oro.


Cada día, cada momento respiramos aire. No nos cobran por hacer esto. No debemos a nadie tampoco. ¿Por qué razón? Por que hay aire para todos. Estamos sumergidos en el, nos rodea. No así con el oro. Si queremos oro, debemos buscarlo. ¿Encontraremos? Depende de donde busquemos. Si elegimos el lugar inapropiado, podemos cavar y revolver hasta gastar las herramientas, sin encontrar. Si vamos al lugar adecuado, que además será difícil de encontrar, veremos que el oro no está en superabundancia tampoco. Cuesta extraerlo, cuesta purificarlo. La razón de que el oro sea costoso, está determinada por su escasez, su dificultad de extracción. No vivimos sumergidos en oro, de otro modo, el oro sería gratis. Es decir, el valor del oro está determinado por su escasez.

Esta ley que hemos ejemplificado de una manera muy sencilla, no se aplica solamente a los bienes materiales que nos rodean. Hay otras cosas que siguen un comportamiento análogo. Un ejemplo por cierto muy actual, son las palabras, como medio de comunicación.
Las palabras, escritas como habladas, constituyen el vehículo del pensamiento. Sin embargo estas también han experimentado una depreciación de su valor. Quizá el ejemplo mas patente de esto es el hecho de que cada vez es mas común escuchar que se llama a otra persona a través de adjetivos descalificativos. Lo que se dice no importa demasiado. Mientras que hasta hace no mucho esta forma de hablar, a través de maldiciones o conjuros, era propia de ciertos lugares específicos, ahora esta costumbre se ha generalizado. Otro ejemplo nos lo da el siguiente refrán: "las palabras se las lleva el viento."

Por lo menos dos razones fundamentales se pueden adjudicar a este fenómeno generalizado de pérdida de valor de la palabra: Por un lado, la falta de responsabilidad del que habla para confirmar con hechos lo que dice o promete, de ahí que se necesite, jurídicamente hablando, un documento testigo. La palabra de una persona ya no vale. Pero también nos encontramos con el hecho de que estamos sumergidos en informaciones de toda clase, y muchas veces, la información importante está mezclada con la trivial, lo cual puede hacer que la importancia relativa se distorsione. Lo mas importante pierde notoriedad, mientras que lo menos notorio la cobra en mayor medida. En el apuro de abarcar mayor cantidad, se pierde en la calidad del análisis, por lo menos de aquello que lo merece. Esto nos esconde un peligro: que inconscientemente traslademos ese esquema de valores a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no se devalúa.

Cuando el pueblo judío volvió del exilio, nos comenta Nehemías que Esdras trajo el libro de la ley de Dios: "y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento...y leyó en el libro...y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley...y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura..."
Cristo preguntó: ¿Cómo lees? La cuestión es que no solamente hay que leer. Hay un modo de leer. ¿Cómo lees?

Una cita de E G White pone esto de manifiesto. Leamos con atención: "La palabra de Dios es la simiente... Así, hay vida en la palabra de Dios. Cristo dice: "Las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida". "El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna". En cada mandamiento y en cada promesa de la Palabra de Dios se halla el poder, la vida misma de Dios, por medio de los cuales pueden cumplirse el mandamiento y la promesa. Aquel que por la fe recibe la palabra, está recibiendo la misma vida y carácter de Dios."
"No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
Si Dios decidiera guardar silencio, ya sea de su palabra escrita o hablada, el ser humano estaría condenado a muerte, por inanición. Inanición de la Palabra Divina. El hecho de que Dios no lo haga , es un ejemplo de su misericordia, aún con los que no desean escuchar lo que Dios dice. Vivimos en una época en que la palabra de Dios no falta (¿por qué será?). Cuidado con depreciarle su valor.

Pero llegará el momento en que sucederá lo otro: "He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando la palabra de Jehová y no la hallarán."

Cada frase, cada gema, de los dichos de Dios, son de profundidad infinita, de valor incalculable, llevando en si mismos el cumplimiento de lo que afirma. ¿Los consideramos así?
Aunque muchos apretaban a Jesús, solamente la mujer que rozó el manto de Cristo con fe alcanzó bendición. ¿Estamos recibiendo con fe la Palabra? ¿Estamos reviviendo con Su Palabra? No pertenezcamos a la multitud
que aprieta la Palabra de Dios, sin obtener la bendición!





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